Turismo forzoso I

Este fue un mal año para mis obreras y por ende, para  mi también.

Las familias que trabajan conmigo se han  debilitado debido a la poca cantidad de alimentos disponibles, donde se han visto mas afectados especialmente los más  pequeños. Viendo como día a día la mortandad   y  la enfermedad vienen haciendo estragos  decidí salir a buscar nuevos  aires, es decir nuevos lugares floridos donde encontrar nuevas obreras que quieran unirse a mi empresa. 

Es así que previo cambio de atuendo ( me puse mi disfraz de camionero) emprendí camino hacia el norte de nuestra provincia más precisamente hacia el departamento Río Seco.  Lo hago en compañía de otro afectado por el mismo mal, que tiene las misma intenciones,  lo que hace el viaje más llevadero.

Recorriendo varios kilómetros llegamos al fin a Sebastián Elcano, localidad que sería el lugar elegido para pernoctar. Por estas latitudes no hay mucho para elegir, por lo que optamos por reservar en un establecimiento que a la par de contar con algunas camas, funciona como parada de colectivos, bar, quiosco,  restaurante y no me imagino que más.

Sin demorarnos aquí, abandonamos el camino pavimentado y continuamos hacia La Rinconada, localidad  que se encuentra unos 70 km hacia el este, mas precisamente nuestro destino estaba en El Zapallar. A medida que transitamos por este camino ripiado, el ambiente va cambiando rápidamente. Se nota que es una zona donde llueve bastante menos, y las tierras se van cubriendo de un color blancuzco que denota la presencia de abundante sal. La vegetación se a achaparrando con cada kilómetro y solo prosperan aquellas especies que pueden soportar estas condiciones adversas. Pero no solo la naturaleza ha moldeado este ambiente.

Creo que el hombre ha ayudado a degradar estas tierras cuando comenzó a talar el poco monte nativo, a extraer leña, a sobre pastorear con sus chivos, ovejas y vacas y a la costumbre de quemar todos los años,   los restos vegetales buscando el rebrote tierno del pajonal. Así la sal les fue ganando la partida.

Una grato acontecimiento fue que en el trayecto atravesamos una cañada,  con una laguna bastante extensa. No figura en el mapa, un lugareño nos dijo que le dicen La Saladita, que durante parte del año el agua corre y termina desaguando en el Río Dulce.Aquí pudimos ver gran variedad de aves: patos de varias marcas,  biguas, garzas de diferentes tamaños,  y lo mas hermoso, bandadas de flamencos rosados ( y de que otro color sino!). Apenas los ví,  me detuve en medio del camino para fotografiarlos. Pero no alcancé a desenfundar cuando levantaron vuelo y me quedé solo con el agua.

Seguimos camino y casi nos pasamos de largo en El Zapallar, ya que se trata de un conjunto de 3 casas a la orilla del camino. Una constante que se da siempre, es que cuanto mas humilde es el lugareño, más cordiales, atentos y educados son. Una vez que les contás  lo que querés  hacer, te miran como diciendo cada loco con su tema, pero sonríen y dicen, como usted guste!!

A la tardecita terminamos nuestra tarea y emprendemos el regreso hacia Elcano  buscando sitio para descansar. Por  estos lares el calor se hace sentir enseguida, por suerte nos toco un día con el sol a medio brillar ,  tanto fue así que a eso de las seis y media desapareció muy por encima del horizonte por efecto de la bruma. Una postal: el sol rojo anaranjado sobre la laguna. Imagínenselo porque no tengo fotos.

Una mención aparte merece el hecho de transitar un camino con estas características. Los que lo han padecido estarán de acuerdo conmigo.No se porque causas, posiblemente naturales o no naturales,  como son las lluvias, el viento, o simplemente la falta de mantenimiento el camino presenta características muy diferentes kilómetro a kilómetro. Hay partes donde el mismo se ha transformado en un serrucho continuo parejito e interminable. Al circular sobre el, uno tiene toda a sensación de estar dentro de una batidora o una coctelera.

Una trepidación constante que te afloja todos los tornillos (de la cabina), te prende y apaga las luces (del tablero) y hasta te hace cambiar la sintonía (de la radio). Esto ocurre, vayas a la velocidad que vayas. Probé con todas.  Te provoca un temblequeo que comienza en el dedo gordo del pie y termina en la mollera. Tenés  que aferrarte fuertemente al volante, fruncir el upite y apretar el maxilar inferior para no morderte la lengua.

En el cerebro por efecto de la vibración se produce una decantación natural de los pensamientos mas pesados y elaborados, que sedimentan en el fondo del mismo, quedando sobre la superficie, sobrenadando  un solo pensamiento que se vuelve recurrente: Cucucuaaannndododo tererermimminana esestotooo!!!!  o  Fafaaallltatatarara  mumuchochocho????  Hasta el cerebro tartamudea.

Lo bueno ocurre cuando abruptamente,  termina este tramo y comienza uno que es como una mesa de billar. La sensación de placer es indescriptible Sería como cuando alcanzas un orgasmo, (para que todos entiendan) la paz te invade, la sangre vuelve a circular  y se te afloja todo lo que traías contraído.

El problema es que esto se repite varias veces y al final del camino estas hecho mierda de tanto fruncir y aflojar, fruncir y aflojar, fruncir y aflojar.    

Como el viaje se ha hecho muy largo, estoy cansado y para no aburrirlos, continuaré el relato en una próxima entrega. 

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Un comentario en “Turismo forzoso I

  1. EXELENTE tu relato, los dientes no se te aflojaron?Y no te preocupes por el sol nosotros aca tambien lo pudimos observar recostandose sobre el oreste de la ciudad, imagen para postal.

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