Guiso de gallina

Esta semana recibí la visita inesperada de un entrerriano que hacia muchos años que no veía. Un amigo de la época de facultad,  que solía instalarse con nosotros, para estudiar alguna materia junto a otro coterráneo, habitante de la casa en la cual viví los últimos años en Esperanza. Pasó por mi pueblo, junto a su familia camino a las sierras para disfrutar sus vacaciones.

El Gringo Podversich (que ya  nombré en algún post anterior) hacía pareja perfecta con otro gringo que cohabitaba con nosotros en una casa de la calle Jansen. (en la puerta tenia una gran calcomanía con el nombre de nuestro pueblo LAS VARILLAS) 

Algunos de los que vivíamos en esa casa, y a pesar de las dificultades, teníamos la costumbre de volver a nuestro pueblo todos los fines de semana o semana de por medio.  Otros en cambio, como estos entrerrianos, lo hacían con suerte una vez al mes o cada dos meses.

Un recurso no renovable y de difícil obtención como se imaginarán, para cualquier estudiante, era el tema de la plata disponible  y de los alimentos,  necesarios ambos, para poder sobrevivir por largos períodos.

Los que viajábamos frecuentemente éramos los encargados, al regresar los días lunes, de recargar  los bolsillos y la despensa de la casa con los suministros enviados por los respectivos padres. En algunos casos, también ocurría que éramos  visitados por algún conocido de nuestro pueblo y que era utilizado como comisionista para hacernos llegar los refuerzos necesarios para llegar a fin de mes.

Un caso excepcional  era cuando nuestro compañero entrerriano volvía de Diamante, trayendo las valijas, y paquetes llenos con nuevos suministros. Como gente de campo que era, el estaba acostumbrado a fabricarse su propio pan, hasta jabón casero hacían, y usualmente tenían una quinta con gran variedad de verduras y hortalizas. (Así es que como la casa en que vivíamos tenía bastante patio, también le gustaba sembrar algunas especies y en alguna ocasión yo aprovechaba el terreno carpido para sembrar semillas de malezas para poder luego aprender a identificarlas.)

Retomando el relato, cuando el llegaba, inmediatamente la totalidad de la población, se reunía alrededor de la mesa para abrir los distintos paquetes, se iba haciendo una descripción de los bienes traídos,  se confeccionaba un listado, y ya se iba planeando el uso que se le daría a cada cosa a lo largo de la semana tipo: las milanesas para mañana, los fideos para el miércoles, la carne para el guiso del viernes y así sucesivamente.

Más preciado que el oro y los diamantes eran los distintos tipos de embutidos  caseros que cargaba en su equipaje y que eran celosamente custodiados y racionados. En más de una ocasión alguno de los compañeros era descubierto, a altas horas de la madrugada , en plena oscuridad y con absoluto silencio abriendo subrepticiamente la heladera para apropiarse de una ración extra.

Un momento imborrable fue, cuando un día volvió de su casa con dos gallinas…….vivas. El sentenció: Si las gallinas ponen huevos no las vamos a matar. De esa manera tendremos huevos frescos para comer.

Quiero aclarar que a simple vista y  sin conocer mucho del tema, el resto de los pobladores, calculamos la edad promedio de cada animal, en veinticinco años. Resumiendo: eran más viejas que Matusalem.

A la semana no había ningún indicio de que las gallinas podrían transformarse en ponedoras, por lo que decidimos jugarle una broma. Sacamos algunos huevos de la heladera y los ubicamos estratégicamente en le patio, simulando un nido. Cuando regresó de la facultad, le avisamos que las gallinas habían estado cacareando insistentemente.

Salió al patio a investigar y al instante volvió con los ojos llenos de alegría, con los huevos en una mano (los de las gallinas).¡¡Pusieron huevos, pusieron huevos, no las vamos a matar!!- exclamaba.  El mismo procedimiento se repitió varios días, nosotros poníamos algunos huevos en el nido y el los sacaba y los ponía en la heladera.

Ya cansados de la broma, de tanto poner y sacar, optamos un día por escribir con un marcador grueso sobre los huevos: ¡¡ Te la creíste, bo……..!!

Un guiso de gallina, fue servido al día siguiente, con mucha papa, zanahorias y arvejas. Pudimos comprobar que a esas viejas gallinas le quedaba poca carne  y eran puro cartílagos y tendones que ni a pesar de una larga cocción, pudimos ablandar. 

Notas a los pieses:

La comunicación telefónica era muy dificultosa y onerosa en esa época prehistórica.

Un estudiante falto de recursos, envía el siguiente telegrama a su padre:

CASI RINDO. MANDEN PLATA.

A la vuelta de correo, el padre contesta:

RENDI BIEN. CASI MANDO.

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5 comentarios en “Guiso de gallina

  1. Igual que por estos tiempos, que los estudiantes se llevan los alimentos congelados, separaditos con papel film…sacrificios fueron los de Ud. los viejos estudiantes (tambien de las dos probres gallinitas)jaja.

  2. Jajajajajaja!! Me matan tus notas al pie, son geniales…La verdad me da un poquito de envidia lo que contas, yo naci y me crie en Cba Capital, asi que la Facu la hice viviendo con mis señores padres, mis hermanas, y mi sobrina. Un quilombo…A mi me hubiera gusatdo hacer vida de estudiante…Buaaaaa!!!!
    Te mando un beso grande…

  3. Jajaja! muy buena anécdota. Cierta vez probé guiso de gallina en Santiago del Estero y te digo que la carne era durísima y eso que habín elegido las mejorcitas, prefiero el guiso de zapallitos. Saludos!

    “CASI MANDO”, jeje!

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