Visita a la selva II

 

Pasadas las horas de más calor, luego del mediodía iniciamos una caminata por otro de los senderos abiertos en la selva. El paseo según nuestro guía nos llevaría alrededor de cuarenta y cinco minutos. Alrededor de la posada la actividad de los monos había disminuido notablemente, solo se escucha a los paucar, aves que han elegido , las ramas más altas de un árbol cercano,  medio seco, para construir  sus nidos colgantes. Su canto, consiste en un sonido  como si dieras cuerda a un reloj seguido inmediatamente por una especie de cuu cuu. Ese canto tan original podemos escucharlo con pequeños intervalos durante todo el día.

La excursión nos lleva a la selva primaria donde podemos ver el impresionante desarrollo que alcanzan las distintas especies de árboles, con sus  troncos rectos y despojados de ramas hasta alcanzar la copa allá arriba, por encima  de los treinta metros. Estos gigantes deben soportar sobre sus hombros infinidad de epifitas y lianas que los utilizan de soporte para llegar  a la luz, que se filtra  entre las copas.

Sobre el suelo, el camino muchas veces se desdibuja, porque esta cubierto de un manto de hojas secas que crujen al pisarlas. Llega muy poca luz y el calor se hace sentir, a pesar de que la humedad ambiente es baja (estamos en la estación seca), ya que no corre nada de viento. Si nos detenemos, y quedamos en silencio, escuchamos ruidos, como un susurro, de alguien que nos está siguiendo o algún animal caminado, pero son  las hojas cuando se mueven y caen debidas a alguna ráfaga de viento en las alturas. Entre los árboles  dominantes se encuentran otros de menor altura, retoños que esperan su oportunidad para crecer, gran cantidad de enredaderas y helechos de todo tipo. Vemos algunas mariposas y algunas aves, pero solo podemos identificar una perdiz grande que nos sale al paso y algunos carpinteros, por el sonido que producen.

Llegamos por fin a un claro, para ver lo que Johnatan nos quería mostrar, una impresionante Ceiba, un árbol gigantesco, varias veces centenario, con una altura entre treinta y treinta y cinco metros. En los alrededor del tronco cuyo  diámetro en la base debe andar por los 10 metros,  queda un gran espacio, prácticamente desprovisto de vegetación,  vacío,  fruto de la gran competencia que ejerce este espécimen. Al verlo me hizo acordar de alguna foto que  vez vi  de las sequoias gigantes, en Yellowstone.

Luego de las fotos de rigor y un breve descanso seguimos camino, hacia una collpa de loros y loritos que se encuentra  a poca distancia. Para aquellos que no saben,  la collpa es el lugar elegido por varias especies de loros para alimentarse con arcilla. Comen esta tierra para sacar de su organismo las sustancias venenosas que contienen algunos de los frutos conque se alimentan en la selva. Lo mismo hacen algunos mamíferos, como los tapires y monos.

Al llegar a una pequeña construcción, ubicada frente a la pared de arcilla, sitio que nos permite observar sin ser vistos, nos encontramos con un fotógrafo de fauna, un profesional americano con una cámara con un teleobjetivo calculo de mas de medio metro de longitud, fotografiando los cientos de aves que se encontraban en ese momento en el lugar.

Al verlo trabajar, me dio vergüenza sacar mi “Kodak Fiesta” para conseguir alguna toma más o menos decente.

De todos modos me acerque a una de las ventanitas de observación con ese fin, cuando de repente se armó un desbande general y con gran alboroto la mayoría de los loros levantan vuelo. El americano, que hacía mas de cuatro horas se encontraba en el lugar, me mira como culpándome de lo ocurrido. En eso estábamos cuando de reojo observo que por el fondo de la cañada, pegado a la pared muy sigiloso, viene avanzando un “gato gigante”. Como no podía hablar por miedo a espantarlo, en forma desesperada comencé a hacerles señas a los demás para que vieran lo que yo estaba viendo. Como no sabía lo que era murmuraba “un leopardo, un leopardo allá” señalando con el dedo y pensando que estaba en Africa.

El “gato” corrió hacia algunos de loros que no habían advertido el peligro, y al salir volando uno de ellos terminó entre sus dientes, otro logró sortear las garras del cazador aunque terminó medio desplumado. Con la presa en la boca se dirigió hacia unos arbustos en busca de sombra, para comer tranquilo.

Mientras todo esto ocurría el americano,  calculo que tomó unas cincuenta fotos, mientras yo por la emoción del momento, solo pude sacar una, y movida. Mezcla de inglés y español, nos pidió disculpas y dijo que estas fue la mejor oportunidad que tuvo para poder fotografiar este animal de tres  viajes que había hecho a Sudamérica. El y nuestro guía, no se ponían de acuerdo en la identificaron del  animal. Se trataba en definitiva,  de un margay, o de un ocelote. Pero esto no terminó aquí. Al rato, vuelve a aparecer, y se pasea frente a nosotros nuevamente, lo que me permite ahora, tomar algunas fotos un poco mas tranquilo para luego irse definitivamente.

En definitiva, ese lugar nos regaló, un momento único y emocionante,  tan extraordinario,  que será muy difícil de olvidar. 

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Un comentario en “Visita a la selva II

  1. Hola, te he dejado en mi blog un premio que a su vez me llegó a mí con la consigna de pasarlo a siete de mis blogs favoritos. Es el Premio brillante Weblog, y lo buscas haciendo click en la imagen para traerlo a tu propio blog. Un beso graciela

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