Relatos inverosímiles.Raticida infalible

 

 

La sequía venía castigando duro a toda la región. La falta de agua había hecho fracasar las últimas dos cosechas. Mantener alimentado al ganado se había convertido en una dura tarea. En el campo no quedaban más  que cascotes,  las vacas pasaban todo el día reunidas alrededor de las matas de pasto seco esperando el rebrote que no se daba.

El,  era el encargado de encerrar todas las tardes los animales en un piquete, para darles una ración de pasto seco que compraba a precio de oro y algo de grano, pequeño remanente de la última buena cosecha., que guardaba como si fueran una valiosa joya, en el galpón grande.

Como la hambruna era general, y no había otras fuentes de recursos alternativas, el  depósito era visitado por infinidad de pequeños animales, que día a día le rapiñaban parte del contenido. Un gran ejército de roedores se hacía presente durante las horas de oscuridad en busca del sustento diario. Algunos viajaban todos  los días desde sitios lejanos, otros vivían en los alrededores y otros mas osados, se habían instalado directamente entre las paredes y pisos de la construcción o entre la montaña de fierro viejo y porquerías amontonados en un rincón.

El había intentado todo para detener la sangría de los preciados recursos pero en vano. Comenzó sellando todos los resquicios del  portón, puertas y ventanas. A pesar de esas medidas, los pequeños ladrones se las ingeniaban para seguir entrando. Luego, pidió prestados una docena de gatos famélicos  en los campos vecinos, que a priori pareció ser efectivo. Pero a los pocos días habían engordado tanto y hastiados de comer  se pasaban todo el día durmiendo la siesta sobre las pilas de bolsas. Probó eliminar  la plaga usando distintos tipos de productos que compraba en la veterinaria del pueblo, pero todos ellos eran ignorados por los astutos animalitos.

Hasta que un día, tomando una copa con amigos en el Boliche de La Legua, alguien le sugirió una mezcla sencilla, pero  infalible para terminar con ellos. Compro los ingredientes necesarios en el pueblo y regreso a casa en su Estanciera, anhelando terminar con el problema.

Mezclo partes iguales de queso finamente rallado y yeso en polvo, cuidando de no tocar el preparado para no contaminarlo con su olor, y luego lo distribuyó  en pequeños montoncitos por todo el galpón. Estratégicamente, colocó cerca una abundante cantidad de pequeños bebederos con agua fresca. Esa noche le costo pegar los ojos, pensando en lo que le depararía la mañana. Al otro día se llegó hasta el galpón y comprobó que todo lo servido había desaparecido. Aunque no vio rastros, de los infames decidió seguir con el plan, por algunos días más.

Un día, casi al amanecer,  sin dormir, desolado por el fracaso decidió que ese sería el último día de la prueba. Al entrar al galpón, lo primero que noto, fueron  las montañitas del veneno casero, intactas. En casi total penumbra observó algo que le hizo abrir la boca para exclamar  en forma instintiva un ¡Ohhhh! ¡ahhhhh! , ehhhh??

Desparramados cual perdigones de una escopeta, el piso, las paredes, los tirantes del techo, las pilas de bolsas, todo, absolutamente todo, estaba cubierto por  montículos color blanco de distintos tamaños. Hasta donde le alcanzaba la vista, vio lo que parecía un  campo nevado. Pero los copos de nieve no eran tales. Se trataba de miles de lauchitas, ratones y  ratas que habían perecido por efecto tardío del veneno, tomando una colocación blancuzca debido al yeso ingerido.

Un poco más calmado pudo ver con más detalle el espectacular suceso. Por allá se veían convertidos en peculiares estatuas un ratón trepando por la pared, mas acá, una familia completa reunida alrededor de la mesa , por este lado, una parejita de lauchitas jóvenes teniendo sexo, mas allá una rata gorda cual escultura de Bottero, panza arriba con los brazos cruzados, otra orinando con la pata levantada contra la pared, un grupo cual piezas de metegol, jugando al fútbol, otros en lo que parecía un acto circense,  formando una pirámide, otras tanto durmiendo placidamente el sueño eterno. Y así, todos en las poses más insólitas, pasaron a la eternidad, cual erupción del Vesubio, ya que el yeso al hacer efecto además del color les había dado una dureza extraordinaria.

 

Con este problema terminado, apareció otro, que fue el de recoger y amontonar todos los roedores petrificados. Una vez finalizada esta tarea le quedaba aparentemente como única salida cavar un gran pozo para enterrar sus restos. Aquí apareció la inventiva piamontesa y  surgió la idea de darle alguna utilidad  a tamaña montaña de desechos.

Hizo una selección de los que creyó, mejores modelos, los clasificó y puso manos a la obra. Con las lauchitas más pequeñas, confecciono cientos de llaveros, con la posibilidad de grabar sobre la panza, el nombre de algún comercio; en combinación con algunos pintados de negro y con un tablero los vendió como un juego de damas artesanal. En otra idea fabrico pequeños colgantes reemplazando la tradicional pata de conejo por una de ratón,  para llevar en el espejito del auto. Los ejemplares más grandes los ofrecería como soporta-libros para la biblioteca de la casa,  pintados en distintos colores para alegrar los jardines y otros para llevar de adorno en la luneta trasera del Falcon. Los medianos para ser usados como pisapapeles sobre los escritorios;  unidos por pequeñas cuerdas  armo unos “llamadores de ángeles” pero el sonido que producían al chocarse no era muy bueno y la mayoría como adornos de repisas varias.

 

Con el correr de los días comprobó, que los ingresos conseguidos por estas artesanías, sobrepasaba largamente el costo de los granos consumidos por los pobres animalitos.

 

 

Agradezco especialmente la participación compulsiva de C R

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2 comentarios en “Relatos inverosímiles.Raticida infalible

  1. When you are looking at being creative some people just
    have a tough time. You may have some special photos or pictures placed in
    the frame for the children to remember everyone when they have gone.
    The beauty of today’s canvas bags is that they could be personalized using the bridesmaids embroidered names or initials.

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