Cinco de diez…

De diez años o diez meses o diez días porque no. De casados me refiero. En nuestra pequeña ciudad las estadísticas dicen que actualmente el 50% de los matrimonios se desbarranca sin remedio con el paso del tiempo. Por eso, para estos momentos que corren donde el matrimonio se encuentra en franca decadencia, encontrar que unos noveles incautos decidan embarcarse en el mismo, motu proprio, sin estar locos o drogados es un hallazgo. ¿O quizás si lo estén?
Esto pretende ser una especie de ayuda memoria, para ellos, que decidieron seguir este camino, esperando les sirva si es necesario, a mantener el fuego inicial, la calentura el amor, en fin, el statu quo a pesar del paso del tiempo. Estas palabras, no están dirigidas a aquellos que simplemente un día cargan su cepillo de dientes y se van a vivir juntos, y ya está. No señor! Esa es muy fácil!!
Es para aquellos, que previamente han pasado y en este orden, por la etapa del noviazgo, civil, iglesia, fiesta multitudinaria, luna de miel y luego el abismo. Para los que tuvieron los huevos y/o ovarios suficientes para haber puesto de testigos a todos sus familiares/extraños, amigos/enemigos, invitados/colados y hasta el mismo cura del mal paso dado.
Son cinco simples y concisos consejos:
1) Conserven cada uno su espacio. Para no sentirse ahogados.
2) Alimenten ese amor mutuamente. Para no caer en la rutina.
3) Sincronicen los relojes. Para crecer juntos.
4) Sepan mantener las formas. Para ser ejemplo ante los pares.
5) Manténganse siempre juntos. Para que nadie se interponga entre ambos.

Estas serían lo que considero las recomendaciones básicas, pero como me parecen que pueden prestarse a confusión, tratare de ejemplificar cada una de ellas.

1) La historia dice que desde el primer día, la mujer en un trabajo de hormiga se va apoderando en forma silenciosa del amplio placard disponible mediante la acumulación ininterrumpida de vestidos, pantalones, tapados, zapatos, botas etc. etc.(hasta conservan el vestido de novia semi apoliyado) ¡En fin! Una mezcolanza de prendas y calzados de los cuales un buen número, ella sabe, NUNCA volverá a usar pero del que le da pena desprenderse. Tu sector pasa por consiguiente a estar constituido por tres perchas sobrecargadas donde las camisas y pantalones se sobreponen de tal manera, que vos tenés que ir desprendiendo como la piel de una cebolla hasta dar con lo que buscas. En el botiquín del baño algo similar. Enumerar los artículos femeninos sería muy laborioso. En el espacio que te quedó en el rincón, hay un desodorante, un frasco de perfume a la mitad que te trajo tu madre de Italia en los ‘80, un peine en desuso, espuma de afeitar y eventualmente podés encontrar una maquinita de afeitar que no haya sido usada previamente por tu compañera, para hacerse el cavado de cola.

2) Pero de alimentar el estómago, que se encargue solo ella. En los primeros tiempos la mujer para hacer más llevadera la ruptura abrupta de la relación madre-hijo tratará de satisfacer hasta los menores antojos del nuevo esposo. Es así que ellas, utilizando las mismas recetas de cocina cedidas por la suegra, tratará de reproducir esos platos que a él tanto le gustaban. Algunas casi lo logran. Pero el final siempre será el mismo: el microondas será la vedette de la cocina y lo que eran “riñoncitos al vino blanco con puré” terminara transformado en una tarta de insospechado contenido.
Defiendan a capa y espada, o mejor dicho a poncho y facón su negativa a aprender a hacer un asado. No cometan el error de mostrarles que les gusta y pueden cocinar, ya que pronto esto se convertirá en un arma de doble filo y terminarán con el delantal en la cintura.

3) Es curioso ver como con el paso del tiempo el reloj de ambos comienzan a mostrar divergencias. En los albores de la vida en pareja, hasta las actividades mas simples se hacen al unísono, como salir a caminar, visitar algún amigo, ir al cine, escuchar música, sentarse a comer, tomar una ducha o incluso hacer uso de los sanitarios.¡Que momentos inolvidables!
Con el correr del tiempo, el tiempo de ella parecer correr mas rápido que el tuyo, o viceversa. Uno ya no coincide ni siquiera para ver televisión, y ni hablemos de la hora de pasar al dormitorio. Cuando vos te acostás temprano pensando en un encuentro face to face, ella se queda haciendo alguna tarea que odia como planchar por ejemplo hasta las dos de la mañana y solo se va a dormir cuando te escucha roncar. Por el contrario cuando ella te dice: ¡Que linda noche, me voy a la cama!¿Venís? Vos te quedas viendo el History Channel hasta las tres y media.

4) Que difícil lograr esto!! Antes, en cualquier picado entre solteros y casados era facilísimo, aún cuando no contaran con vestimenta deportiva, identificar quienes integraban cada bando. Los solteros se distinguían por el tono bronceado, sin un gramo de grasa, vientre chato, ágiles en la gambeta, terminaban el partido sin una gota de transpiración. Los casados, por el contrario, se los veía mayoritariamente con una amplia buzarda sobresaliendo por debajo de la camiseta, patas blancas por falta de exposición al sol, y cara enrojecida por el esfuerzo de picar cinco metros sin parar.
Hoy el panorama ha variado ostensiblemente. Aquellos todavía no domesticados, quedan a mitad de camino tirados en el pasto liquidados por las trasnochadas continuas. El exceso de alcohol, pucho y mujeres los dejó sin piernas, sin aire y sin ganas de nada.
Los casados por el contrario, llevan una vida casi monacal. Se ven con espigada figura, capaces de correr más rápido que el jamaiquino Usain Bolt, ya que están sometidos diariamente a los vaivenes de una dieta errática , cambiante y obligatoria, con todos los hipo que se les ocurra (hipocalórica, hipo proteica etc.etc.) elaborada por la mujer que trata de mantener de manera infructuosa el peso que tenía antes de casarse.

5) En el arranque a los recién casados, tal como sucedía en el noviazgo se los suele ver tomados de la mano, caminado juntos y al mismo paso. Con el correr de los meses, días, inclusive en algunos casos solo a horas de salir de la iglesia, la situación cambia sutilmente. Ella suele ir unos pasos adelante, tirando de una correa invisible, del esposo que se entretiene mirando la fauna en una playa caribeña. O viceversa, a ella llevada con un collar, a los tirones para evitar que se meta en cada local del shopping.
Durante la “vuelta del perro” de los días domingo, a pesar del tamaño generoso de los asientos del auto, ella se pegaba como estampilla sobre el conductor, que trataba de maniobrar con una sola mano, ya que la otra era utilizada para explorar. Hoy debido a las nuevas leyes de tránsito (por suerte) esto es imposible. Lo mejor es llevar a la pareja en el asiento de atrás, aunque puedan confundirte con un remis.
Otro ejemplo sobre el tema lo constituye, el tamaño del lecho conyugal. Hay una relación directa: tiempo-tamaño. Es decir a mayor tiempo de casado, mayor tamaño del colchón. En esos primeros meses a la pareja le es indiferente pasar la noche en una bolsa de dormir, colchoneta o sobre una manta en el piso de ser necesario. Cualquiera sean las dimensiones, solo utilizarán el 10% de la superficie disponible. Ella tratará de mantenerse enroscada a vos, en incómodas posiciones, durante toda la noche, que se traducirán en terribles dolores de cuello al levantarse para ir a trabajar al día siguiente.
Con el correr de los años la cama, habrá alcanzado un tamaño tal, que tendrá un lugar exclusivo para ella, uno para el y otro espacio neutral para eventuales encuentros.

Para terminar un último deseo:
¡¡Que dios los ayude!! No se admiten devoluciones.

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3 comentarios en “Cinco de diez…

  1. Vj: A veces te envidio. Ya no recuerdo como era dormir solo y ser el dueño del control remoto.

    Graciela: Pucha no lo sabía! Será muy tarde para mi?

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