Si la música no existiera…(remixado)

“Si la música no existiera la vida habría perdido uno de sus mayores encantos”. Esta era la frase que se leía en un pequeño cuadro colgado sobre la pared en la casa de nuestra vecina  que enseñaba piano. Se podría decir que fue ahí donde descubrí  la existencia en los primeros años adolescentes  de dos cosas importantes en mi vida: la música y  las mujeres. Ambas casi al unísono.

Eran los inicios de los años ´70 y en esa casa, una de las hijas de la profesora solía organizar, lo que llamábamos americanas o asaltos con un grupo de compañeros/as del colegio. En esos tiempos este tipo reuniones, creo que era la única forma de lograr un encuentro cercano entre ambos, con la excusa del baile. Así entre litros de gaseosas,  torta casera y  papitas de copetín  que eran aportados por los participantes se iniciaba el encuentro en las últimas horas de la tarde del sábado o domingo  y que duraba como máximo hasta la medianoche.

Estratégicamente se reemplazaban los focos comunes de la lámpara del living, por unos  de color amarillo, azul o rojo de – 15 watts, para lograr solo la luz indispensable  para no tropezar con los muebles.

La música provenía de un querido y recordado Winco, el antepasado prehistórico de los equipos de sonidos actuales. Lo único que podías regular en el,  era la velocidad de giro (33, 45 o78 rpm) y el volumen, del parlante incorporado. La colección musical estaba conformada, por no mas de 10 o 15 long play y otros tantos discos simples.

Había dos opciones para pasar la música. Una era colocando todos los discos uno sobre otro de manera que fueran cayendo en forma automática uno por uno. La desventaja de esto, era que corrías el riesgo de intercalar entre los lentos,  justo un tema movido que deshacía  el  ambiente intimo que habías logrado. La ventaja era que así, nunca te separabas de tu pareja de baile.

La otra, era que alguien se ocupara de seleccionar los temas, generalmente el mas experimentado, de esta manera se armaba la selección de movidos y lentos de acuerdo a como se iban dando las cosas. Por ejemplo, la aparición  del padre o la madre de las anfitrionas, en la puerta, hacía que automáticamente se encendieran todas las luces y se pasara de Amada amante a Movete chiquita, movete.

En este ambiente,  de colado ya que participaba de los encuentros por ser vecino, yo estaba en el último años de la primaria, primero de la secundaria, comencé a tener las primeras lecciones de baile y trato con el sexo opuesto.

Las bailarinas fueron siempre mayores que yo,  y como medía 1,20 mts, me tocaba bailar salvo raras excepciones, con las más petisas o con las que quedaran momentáneamente en el sombrero. De estos años me queda el recuerdo imborrable de los temas de Roberto Carlos, Dyango,  los italianos del Festival de San Remo como Modugno, Nicola di Bari, Gigliola Chincueti, y los nacionales como Los iracundos, Los Moros, Sandro, Los Linces. Como olvidarme de Sinatra, Aznavour, Los Panchos, Manzanero y tantos otros.

Aquellos, que tengan mi edad (que hay  pocos, todos son seguramente mas jóvenes) recordarán también a Jane Birkin cantando a duo con el marido Yo te amo, yo tampoco. Totalmente compenetrado con  la música, en un ambiente cargado de sensualidad, le susurrabas al oido a Ella, con un aliento que sabía a excesos de Fanta, yetem, yetem (te amo en francés para los que no saben) y respirabas entrecortado y suspirando tal como lo hacía la cantante. Y tu pareja decía: Te agarro otra vez el asma?? haciendo mierda el  hechizo.

Otro de los discos que no podía faltar en la selección era el de Roberto Vicario, que con voz de sótano, recitaba Adiós, nada olvidas?. Con estos temas las paredes de la pequeña habitación transpiraban a la par que vos, bailabas moviéndote dentro de un solo mosaico y por ahí hasta te olvidabas de moverte. Apretados, aún con altas temperaturas, me sorprendí al comprobar que había parte de mi cuerpo que actuaba en forma independiente y se tornaba inmanejable. Con un carraspeo abandonaba la pista de baile diciendo: Me voy a sentar!!, y lo hacías en el lugar mas oscuro hasta que el pantalón se destensara. Creo que fue por  estos años que yo iniciaba la etapa de solista y que se extendería luego por décadas con tanto éxito.

Fue en esa casa, junto al piano, donde aprendí también las lecciones básicas de música que me permitieron  años mas tarde incursionar en la ejecución del órgano. Aunque nunca sobresalí en esta actividad, aún hoy esporádicamente le dedico algunos momentos libres,  un pasatiempo agradable que podríamos caratular como Otra carrera de solista, ya que no hay nadie que soporte escucharme por mucho tiempo. Aclaro por las dudas que se trata de un Yamaha PSR 215.

Quien hubiera pensado, que en la actualidad, por medio de la compu, podemos encontrar rápidamente en la red y piratear todos aquellos viejos temas, que ya no se pueden escuchar en los discos guardados porque se recontra  rayaron de tanto uso.  Discos que solo podíamos conseguir, cuando esporádicamente, tres o cuatro veces al año viajábamos a Córdoba y nos llevaban hasta Vértice Musical  para comprar solo uno de los que nos gustaba,  ya que costaban un Perú.

Otra gran diferencia es que en esa época, la única manera de llevar la música con vos era con alguna pequeña radio a transistores que podía tener o no un audífono.

Hoy sin exagerar mucho, con los mp3 o 4  tenés la colección completa del autor favorito y el video correspondiente.

Por suerte o por desgracia, ha pasado mucha agua bajo el puente desde aquellos años. Diría que varias inundaciones. Hoy puedo decir que me gusta y disfruto escuchar  todo tipo de música, salvo quizás el rock pesado que me cae idem, y la música electrónica (es música??).

Pero me imagino que es imposible para cualquiera, que la música actual pueda provocarte todas esas sensaciones que sentís al escuchar ese tema de tu juventud, aunque lo hagas por millonésima vez  

Hoy  en mi casa es raro encontrar un momento de silencio. Podes optar por cualquier tipo de ritmo, desde la cumbia villera hasta música clásica, según la habitación en que te encuentres. Hay una colección interminable de  CD.  Aunque ya no soporto un alto volumen, por ahí me ataca y pongo el equipo al mango de modo que lo escuche hasta la vecina. Es ahí cuando me piden encarecidamente que me vaya con ESA música a otra parte.

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Un comentario en “Si la música no existiera…(remixado)

  1. Como siempre sigue siendo muy bueno lo que escribis.Esa musica se podia disfrutar en cualquier momento del dia.

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