Recuerdos cinematográficos.

Al igual que lo que le ocurrió a Totó en Cinema Paradiso, el cine siempre ha estado presente a lo largo de mi vida. Pero no confundirse, me refiero a haber sido y ser fiel admirador y espectador empedernido de este entretenimiento y no a mi vida actoral, que en realidad no existe.

En  mi época de colegio primario (allá por la década del 60), junto con hermano y amigos  los domingos después de almorzar, para alegría de mis padres, plena siesta,  íbamos al “matinée” del Cine Colón ( de la flia Nieto) para ver series de ciencia ficción clase B y algunas de cowboy.

A eso de las  cuatro, le seguía el “familiar” donde te pasaban dos,  con intervalo incluido. Aquí aprovechábamos para llegarnos hasta el bar de Félix y Juan para comprar los mejores sándwiches de miga nunca degustados. Si mal no recuerdo estaban a la vista debajo de una campana de vidrio sobre el mostrador. No me acuerdo que tomábamos pero si de los sándwiches envueltos en un paquetito que comíamos mientras mirábamos la peli.

Mas de una vez, a mitad de la proyección aparecía el conocido “The end” debido a que el operador confundía el orden de las latas. Lo que provocaba una silbatina infernal, griterío, puteadas a granel y el zapateo de los asistentes que levantaba nubes de  tierra.Lo mismo ocurría cuando la  cinta se cortaba o se trababa en la máquina y había que esperar la reanudación previo corte de otros tantos metros que te obligaban a imaginar las escenas perdidas. Cuando el griterío era ensordecedor hacia su aparición el acomodador de turno para apaciguar los ánimos. 

Con el correr de los años, el entusiasmo por el cine no decayó. En esos tiempos teníamos función  durante toda la semana, dos películas para los martes jueves y sábados y otras dos para miércoles, viernes y domingo. Muchas veces hacía doblete. Generalmente la primera peli era un clavo y el plato fuerte era la segunda. También pasaban un informativo, Sucesos Argentinos, un poco atrasado ya que casi siempre eran noticias del año anterior y luego las “colas”, hoy los avances de los films de la semana venidera.  

De la época del secundario recuerdo “Las colegialas se confiesan” que era prohibida para menores de 18 y estuvimos con los amigos estudiando la forma de poder entrar a verla. Al fin lo hicimos, pero fue un fiasco ya que no aporto nada nuevo a lo que ya conocíamos de las femeninas. O aquellas de Isabel Sarli, que luego servían de inspiración para largos sesiones de trabajo manual.También de estas épocas son todos los espaguetis- western  como “El dólar marcado” y “Por un puñado de dólares” con Ringo Wood como primer actor, que después me enteré se llamaba Giuliano Gemma. Otras donde podías ver alguna teta  como al descuido eran las italianas como por ejemplo “Homo eroticus supermacho” con Lando Buzanca que contaba las peripecias de un mucamo que tenía tres 0. 

Aclaro que me molestaba y me molesta aun hoy cuando en medio de la función me piden explicaciones sobre la trama o en medio del suspenso te dicen: “Este será el que mato a la chica??. Solo tenían como respuesta un Ggrrrrrrrr ¡¡¡. En el descanso salíamos a comprar chocolates Aero por la puerta lateral al Bar Colón o cruzábamos la calle para tomar un café y fumar un pucho en Tobagos.

Aparte del cine Colón, teníamos otra sala el Cine San Martín ubicado sobre la plaza principal, que nos permitía como en las “grandes ciudades” tener una cartelera mas amplía y la posibilidad de elegir.En estos años muchas veces concurría llevando compañía femenina. A diferencia de algunas parejas  que se iban a las últimas filas para trenzarse en juegos de manos, nos sentábamos invariablemente en las butacas de las filas laterales, a mitad de sala, sobre el pasillo para que nadie se interpusiera delante de la pantalla. Alguna vez ocurrió que alguien empujara una fila de butacas sobre otra y que esto hiciera que se desplomaran como fichas de dominó todas las demás, provocando un gran estruendo y nubes de tierra.

Un recuerdo muy especial que conservo,  es de CINERAMA en la ciudad de Córdoba. Para los que no lo conocieron, les cuento que tenía una pantalla de unos quince metros en forma circular. Para poder abarcarla toda con la vista tenías que sentarte a mitad de la sala para atrás  porque sino, te la pasabas girando la cabeza como las lechuzas. La película se proyectaba con tres máquinas al mismo tiempo. Incluso eran filmadas especialmente para este sistema. Era un cine inmenso con butacas acolchadas color naranja, suelo alfombrado. Nada que ver con nuestros salas locales. Aunque vi varias películas en esta sala solo me acuerdo de algunos títulos como “El maravilloso mundo de los hermanos Grimm” , “El mundo está loco, loco, loco”,  “Grand Prix” sobre la Fórmula 1, con un muy buen tema musical, muchas escenas filmadas desde el auto por lo que parecía que uno lo iba manejando. Creo que fue pionera en su época por estos efectos. Una de las últimas fue “Terremoto”, que sumado a las escenas tenía un innovador sistema de sonido que te  transformaba en una víctima mas del temblor.

Durante mi paso por la facu, allá por la provincia de Santa Fe, también teníamos un cine, el Cine Sombras, donde solíamos  concurrir en patota durante la semana, y algunas veces previo a algún examen  para bajar la presión interna y calmar las ansiedades. De esta época recuerdo cuando una noche lo llevamos al Gringo Podversich (mas o menos así), un entrerriano puro de pedigrí,   a lo que era su primera noche en un cine en su vida. No paraba de hablar y se la paso un mes comentando la experiencia y la película.

En general era omnívoro. Pero uno de los temas preferidos han sido siempre  las de ciencia ficción, aunque de La Guerra de las galaxias” solo vi la primera, pero a “Encuentros cercanos de tercer tipo” creo que 3 o 4 veces. Es difícil enumerar todos los títulos, porque son cientos, tengan en cuenta que el tiempo del que estoy hablando es bastante largo. Elijo  muchas veces por el director o productor, por eso creo que vi todas las de Spielberg, varias de Woody Allen o Clint Eastwood desde que actuó en “Lo bueno, lo malo y lo feo”, Almodóvar, Coppola, Kubrick, etc etc. Las de  James Bond con Sean Connery especialmente etc etc. 

Un párrafo aparte merece el gran Miguel PaulinoTato que por muchísimos años, fue el encargado se decirnos que podíamos  o no ver. Fue el que manejo la tijera de podar desde el 74 a 1983  En Cinema Paradiso esa función la cumplía el cura del pueblo, aunque este solo recortaba los besos. Así tuvimos que esperar varios años para poder ver “La Naranja mecánica” por ejemplo. Lo mismo pasó con  “Ultimo tango en París” donde Marlon Brando daba clases sobre el uso culinario de la manteca (es lo único que me acuerdo de esa película que pudimos ver algunos años después ya que fue prohibida en varios países incluido el nuestro).

Los recuerdos más lejanos que conservo en forma entrecortada como un film viejo (quizás medio apolillado, por los años) los tengo del cine de mi pueblo natal, La Playosa y que ocurrieron en mi tierna niñez. No recuerdo como se llamaba la sala, pero en esos años pertenecía al Flaco Aimino y a Fazzio. En esos tiempos solía subir las escaleras, hasta el lugar donde el primero de ellos preparaba las cintas para pasarlas ese día. Allí hurgaba  en una caja donde  iban a parar los recortes y yo los  miraba a trasluz tratando de imaginar alguna escena. De esos años tengo grabado en la memoria una película “En la selva no hay estrellas”. Me quedo grabada porque no la entendí y después nunca más oí hablar de ella. Siempre creí que el encargado de pasarla, se habría confundido el orden de los rollos haciendo la trama imposible de entender. Otra que me quedo grabada fue “Ben-Hur” especialmente la escena de la carrera de cuadrigas que es espectacular. 

Lamentablemente todo lo bueno se termina algún día. Eso fue cuando cerraron las salas del pueblo y también esas grandes salas de Córdoba. Creo que la televisión y el video fueron los causantes. Al tiempo, por aquí volvió a reabrir el Colón, pero hoy solo  traen producciones argentinas para chicos y el sonido es tan malo que se necesitan subtítulos para entenderlas.  En Córdoba de una, se hicieron cuatro, algunas cuando entras te producen claustrofobia, son tan chicas!!. Una buena parte de las funciones se dan para muy poca gente. “Pensé que iba a tener que ver la función sola”  me dijo una mujer mayor una siesta en día de semana cuando entré a la sala y ella era la única espectadora y donde terminamos siendo finalmente cuatro para el truco.

Hoy el problema es que el cine se convirtió en un comedor, donde a nadie le importa el resto de los asistentes. Es usual tener que escuchar algún sonoro erecto lanzado por aquellos que llevan a su butaca un súper vaso de 2 litros de gaseosa o el crunch-crunch permanente al deglutir 2 kg de pururú. Como mierda va uno a compenetrarse con la trama rodeado con esto??? Y que decir de los desgraciados que no apagan su celular y este suena y suena o lo que es peor lo contestan en voz alta para hablar. Esto mata toda la MAGIA!! 

Hoy, debido a esto hay que elegir los horarios menos visitados y dado que las ocasiones que tengo de ver cine son contadas, estoy un poco más exigente en cuanto a calidad y aprovecho  el tiempo de que dispongo en elegir los mejores filmes. Sigo disfrutando, sentarme en una butaca mullida, piernas estiradas, distenderme  y meterme de cabeza en cada historia que se cuenta para sentirme un rato el protagonista de la película. 

FIN

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