VIAJE HACIA IQUITOS – CAPÍTULO 6

VIAJE HACIA IQUITOS

A media tarde del día Domingo, estamos llegando a la comunidad de Cabo Pantoja. Hace un calor infernal. Desde la embarcación vemos gran cantidad de gente sobre la costanera y en lo que podría llamarse atracadero de las lanchas. DSCN4579Muchos chicos jugando en las aguas del río, o corriendo. Grandes tomando, escuchando música, charlando. Muy cordiales todos, hasta los chicos nos saludan con educación.

No veíamos la hora de bajar e instalarnos para darnos una buena ducha y descansar. Cosa que no iba a ocurrir. Rápidamente nos enteramos que hace 45 días que el pueblo está sin luz y sin agua. Nos dirigimos al único   hospedaje,  es municipal, el encargado nos asigna una habitación y nos explica que hay un tambor de 200 litros con agua de río, del que se pueden sacar algunos baldes para lavarnos y demás menesteres. PANTOJA2

Dejamos nuestras valijas y nos vamos a migraciones para formalizar la entrada al Perú. Luego aprovechamos para recorres las calles-veredas del pueblo y sacar algunas fotos antes que se nos venga la noche. Cuando llega es todo oscuridad salvo los más acomodados que cuentan con algún grupo electrógeno. No teníamos nada para comer, no vimos quioscos ni nada que se le parezca, preguntamos para conseguir fruta y nos dicen que llegan muy de vez en cuando. Queremos algo de comer!!! Le decimos a una mujer que encontramos. Bueno, lléguense a mi casa dentro de una hora que les preparo algo.  Pollo puede ser??? Le preguntamos con temor. Sí, no hay problemas responde. A la hora señalada nos instalamos en esta humilde mesa y comemos lo pedido junto con arroz  y plátano frito para variar. Lo mejor es un café que nos prepara de postre. Todo el banquete nos cuesta 5 dólares.DSCN4507

A la mañana siguiente, tipo 5, oscuro todavía bajamos hacia el río para tomar la lancha que nos llevaría hacia Iquitos. Por suerte conseguimos una embarcación rápida que nos permite acortar el viaje en un día.El viaje dura 11 horas, tiene baño y es bastante cómoda. A eso de las 5 de la tarde, y con las últimas gotas de combustible, debido a las vueltas dadas en innumerables zig-zag por la poca agua del río llegamos a Santa Clotilde. Es una población similar a las otras pero con más gente. El costo del pasaje incluía alojamiento, por lo que nos asignan una habitación en un hospedaje frente al puerto. Me olvidaba decirles que tampoco había luz. CLOTILDE1Esta se conecta solo de 6 a 10. Tampoco agua caliente, pero esto es lo de menos, por lo menos pudimos ducharnos. No existen los autos, solo motos, bicicletas y piernas. Muchas familias sacan las mesas y sillas a la vereda y comen allí. Otros escuchan música a todo volumen o miran televisión. En todos los aparatos el mismo programa, hay un solo canal. Encontramos una especie de restaurante y comemos lo de siempre, pollo, arroz y plátano. No comen nunca postre ni pan. Tomamos guaraná con gusto a remedio.CLOTILDE

Esa noche demoramos en dormirnos, ya que en las habitaciones vecinas veían la tele y escuchaba música con el volumen a todo lo que dá. Por fin el cansancio hace lo suyo. A las 5 del día siguiente el capítan del barco pasa pieza por pieza pateando las puertas y gritando para hacernos levantar.

Zarpamos al alba. Nos estamos acercando a nuestro destino final. Pero todavía faltaba. Nos dirigimos  hacia Mazán, donde después de un corto trayecto por tierra volveríamos a tomar otro bote. Este atajo por tierra nos ahorra un día de navegación.

Al llegar al pueblo y apenas tocamos tierra, el bote se llena de gente que en tropel  encara a todos los pasajeros. No sabemos que pasa. Tratan de agarrar nuestras valijas y forcejeamos con ellos. Un lugareño nos explica que son los conductores de los mototaxis  que nos estaban aguardando para llevarnos al otro punto de embarque. Cada uno trata de conseguir su cliente. Uno se lleva una de nuestras valijas y mi mujer sale a perseguirlo, mientras yo cargo con todo lo demás. Después de subir por los 1000 escalones de la escalera, llego a la costanera muerto de cansancio con la lengua afuera. Me espera el mototaxi que raudamente parte hacia el nuevo destino. A toda velocidad circulamos por un estrecho camino salpicado de baches. Nos aferramos como podemos y miramos no perder las valijas que están más atrás.MAZAN

Al llegar al nuevo puerto, ocurre lo mismo. Una multitud nos rodea tratando de llevarse nuestras valijas. Esta vez se trata de los dueños de los botes  que están aguardando para este último tramo. Se gritan y pelean entre ellos mientras nos tiran del brazo tratando de hacernos subir al suyo.Una vez completado todos los asientos, lleno hasta la coronilla y con 40 grados de temperatura, partimos hacia Iquitos donde llegaríamos  dos horas más tarde.

FIN CAPITULO 6

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CIUDAD DE IQUITOS