APRETANDO EL POMO (CARNAVALITO POMEÑO 3 x 4 D ias )

No voy a inventar la pólvora cuando digo  que “todo tiempo pasado fue mejor”. Esta frase que usan mucho aquellos que llegan a cierta edad,  nostalgiosos,  como el que escribe puede aplicarse a infinidad de hechos, acontecimientos, vivencias. Por eso es que me animo a afirmar sin titubear también que “todo carnaval pasado fue mejor”.

Así lo debe creer también Cristina que ha decretado 2 días más de parranda (ya que hay tan pocos) al fixture anual. Dicen algunos que es para prolongar esa sensación de alegría en que viven los 40 millones, pero yo creo que es para que pasen desapercibidos en los festejos, muchos de esa sarta de payasos que nos gobiernan y tenemos que escuchar a diario.

Pero ahora quiero referirme a los carnavales de antaño, es decir a lo que puedo recordar de mi infancia lejana.  No tengo idea de donde viene y porque se festeja el carnaval. Que sorongo es?? Porque algunos se disfrazan y otros sin disfrazarse provocan la misma reacción?? Que significa el hecho de querer mojar al prójimo??  ¡¡¡ Ni idea!!!

Creo que en los primeros años  todo debe haber comenzado con un pequeño rociador, lleno de agua perfumada, que el varón  accionaba al paso de las damas. (lo leí por ahí) Con el tiempo y como esto no alcanzaba para sorprender,  hicieron aparición los populares pomos (no piensen mal). De distintas formas,  tamaños y colores, flexibles, estos tenían  una mayor capacidad que los anteriores y ya,  el chorro de agua no pasaba tan desapercibido. Durante los festejos era muy común escuchar “ dale, apretá  el pomo, dale!! ” , ya que era esta la forma de accionarlo para que largara su contenido (no piensen mal). ¡Era un poco ridículo, patético, correr de un lado para otro, con el pomo en la mano, tratando de alcanzar con el chorrito miserable a quién queríamos mojar!!

En mi pueblo, el carnaval se festejaba en cada cuadra. Generalmente todo comenzaba el sábado o domingo por la tarde, hacía mucho calor, no se podía dormir la siesta, el aire acondicionado no existía (o era muy caro, no se)  cuando alguno de los vecinos salía con el sifón  a la calle y empapaba a la vecina (que estaba muy buena), al pasar por la vereda.   Por supuesto que la respuesta no se hacía esperar. A los pocos minutos ya se encontraban participando toda la familia de uno y otro bando. Por mirón, también la ligaban otros vecinos que así se iban sumando a la batalla. Del vasito con agua y sifón, se pasaba al jarrito, luego al balde de agua que se usaba para pasar el piso. Se llenaba con agua de la canilla, pero muchas veces, para no perder tiempo, en ir a buscar a la cocina, se llenaba con el agua acumulada en la esquina Cuando  iba quedando poca agua en la cuneta, uno pasaba el balde al  ras levantando el barro acumulado. Los más bárbaros llenaban el balde con los desechos del gallinero, los mezclaban con agua o directamente al natural, y volcaban el contenido sobre la cabeza del contrincante. ¡¡ Después de esto, ninguno estaba en condiciones de distinguir a quién le tiraba!!. Muchos estaban irreconocibles, otros destruidos por el cansancio de ir y venir buscando agua y otros francamente enojados por haberla ligado de arriba. Todos empapados y embarrados. Cuando todos se habían sacado las ganas, terminaba la fiesta y cada uno a su casa, para volver a la normalidad. Al día siguiente al encontrarse:  -Buen día Sra. Tota. !!  – Buen día Don Miguel.  Que siga bien. Saludos a su señora. – Gracias, serán dados ¡¡ DEL DIA ANTERIOR NI MU!!!

Unos años después hizo aparición  “La Bombita” o “ Bombucha” .  Pariente cercano por el parecido, del preservativo o forro como se lo llama comúnmente. Con este invento uno no necesitaba estar frente a frente. Era y lo es todavía, un arma de largo alcance. Todo dependía de la puntería y la fuerza del tirador.¡¡Pero ojo !!, el preparativo previo a la batalla no era tan fácil  .  Primero se tomaba la susodicha, se le quitaba el talco con que venía recubierta y se la estiraba con las dos manos para hacerla más flexible (no piensen mal). Se usaba una  canilla que tenía que tener el pico chico, porque si era muy ancho se rompía. El contenido de agua a introducir, variaba de acuerdo a la finalidad de cada bombita. Era importante no pasarse de vuelta porque podía reventarse en las manos.  Si el fin era hacer daño lo mejor era ponerle poco agua y la bombita se transformaba en un proyectil letal. Inclusive en algunos casos podía volver a usarse ya que no se rompía. Si la finalidad era tirársela  a la chica que te gustaba, se le ponía la mayor cantidad de agua posible de manera de mojarla bien, para que se le pegara la remera al cuerpo y así imaginarte lo que estaba debajo (piensen mal).

Un accesorio que solía usarse era la “bolita de paraíso” que se introducía junto con el agua. Según algunos, esto le daba mayor poder de fuego al proyectil. Para otros, era necesario para que al pegar al objetivo, la bolita golpeara contra la pared de latex haciendo reventar la misma al instante, evitando así el rebote tan indeseado que solía producirse. Las bombitas ya listas eran depositadas con cuidado en un balde que contenía un poco de agua. Cuando se completaba, la barra salía cada uno con su bici y el encargado de llevarlas era el que tenía portaequipaje. Otra forma de trasladar pero no muy recomendable era ponerlas por debajo de la camisa que se metía dentro del pantalón. Generalmente un movimiento brusco o la fricción provocaba que reventaran en cadena, con las consecuencias lógicas.

Una vez ubicada una presa potencial, se establecía la estrategia para evitar que escapara. Era rodeada por el grupo que descargaba todo el arsenal en un segundo. Me ocurrió una vez que en un lanzamiento desde unos 10 metros, en lugar de la presa,  la bombita reventó contra un ventanal enorme provocando la rotura del mismo con gran estruendo. Se produjo un desbande general. La huida fue algo desorganizada pero eficaz, cada uno llegó a su casa sin problemas. Más tarde me enteré que el dueño del vidrio había hecho la denuncia a la policía, por lo que pase un mes sin salir de casa y temblando cada vez que escuchaba el timbre de calle. Por suerte todo se olvidó.

En algunos años, se solía organizar algún desfile de carrozas que generalmente se hacía alrededor de la plaza San Martín. La calidad de las carrozas dependía mucho de los recursos con que contaba la institución o grupo que la presentaba y las ganas de trabajar. Generalmente ambas cosas, eran escasas, ergo la calidad de las carrozas no era muy buena. La clásica era un hombre gigante que movía un brazo saludando. Estaba armado sobre un armazón de alambre forrado con papel de diario y pegada con toneladas de engrudo. Una mano de pintura le daba un poco de color. Un sistema ingenioso le daba el movimiento (en realidad eran dos tipos que iban debajo tirando unos hilos).

Otro clásico, ideado por gente de pocos recursos y poca imaginación, consistía en un acoplado playo donde se colocaban algunas sillas alrededor de una mesa que tenía alguna botella vacía de vino encima y un grupo de actores alrededor de esta,  que conversaban amigablemente primero y luego siempre, pero siempre terminaban a las piñas. Nunca pudimos saber sobre  que corno conversaban o que provocaba la pelea, ya que el ruido del tractor que tiraba el carro era tal, que impedía escuchar nada en cien metros a la redonda.

Lo que tampoco faltaba nunca era el “taxi loco” que no era otra cosa que un Ford A o similar, en pésimas condiciones de mantenimiento, fuera de punto, sin dirección que hacía que fuera de cuneta en cuneta, sin frenos, para terminar estampado contra el cordón de la vereda. En definitiva, la mayor parte del trayecto la hacía empujado por una patota disfrazada de mecánicos.

Entremezclados con todo esto venían desfilando los disfrazados. Siempre ganaban por mayoría los que hacían de linyera y de borrachos. Arrastrando los pies, haciendo eses con una botella en la mano realmente muy buenos para desempeñar el papel. Era tan buena la representación que muchas veces llegué a pensar que se trataba de verdaderos beodos.

Otros años, quizás más recientes, el carnaval se festejaba con la organización de grandes bailes por parte de algún club local. Recuerdo el Club Mitre, con su pista de baile al aire libre  que siempre contaba con la animación de algún “rutilante cuarteto cordobés” sobre el escenario. También alguna orquesta local donde no podía faltar “Noches de Miramar”  pasodoble en versión varíllense. Era número cantado!!  No todos se animaban a concurrir a esos bailes, especialmente si eras gringo rubio con piel blanca.  Los del barrio tenían fama de cuchilleros. Te convenía tratar de esquivar de mirar directo a los ojos a los concurrentes, ya que lo podían  considerarse como una provocación. Mirar bien por donde caminabas para no llevar por delante a nadie y  mirar mejor aún a cualquiera de las chicas. Antes de sacar a bailar a alguna de ellas mejor era averiguar si estaban los padres y/o hermanos presentes, cuantos eran, novio o ex novios para no tener que sufrir algún problema de salud. Ah!! Y no pedir otra cosa en el buffet que no fuera vino (en esa época no se había inventado la cerveza),

Otro de los clubes era el Almafuerte, también con cancha de básquet, transformada en pista al aire libre. Aquí los bailes eran multitudinarios, generalmente promocionados por la presencia de algún cantante famoso. Generalmente los cantantes venían de giras que comprendían diez o veinte localidades en la misma noche. Las Varillas, parecía estar siempre en último turno y el plato principal llegaba (si llegaba) cuando comenzaba a clarear. A esta hora el 80% de los mayores se había ido a dormir y el 20% restante dormía en su silla. El 60% de los jóvenes estaban algo borrachos, el 20% lo estaban  totalmente (hasta las manos decíamos) y el 20% restante se habían desparramado por las distintas dependencias aprovechando la oscuridad del parque para conversar  (ahora sí, piensen mal).

En algunos de estos bailes, hubo intenciones de tirar agua, hecho que fue rápidamente reprimido por la policía presente. Así hizo aparición, llego a la localidad, irrumpió en la sociedad,   la “Nieve loca” , que no era nieve, ni era loca. Loca era la gente que portaba el aerosol. Cada tarrito de estos valía una fortuna!! Había que aprovecharlo al máximo, sin desperdiciar nada. Así corrías detrás de la chica que te gustaba buscando rociarle el producto sobre los ojos o la boca abierta tratando de hacersela tragar (no piensen mal). Los más osados apuntaban a la parte baja y si llegaba a estar en minifalda, justo, ahí abajo era dirigido el chorro (ahora si piensen mal). Cuando se acababa el aerosol podías juntar con la mano lo que había volado hasta el suelo y refregárselo por la cara. Gracias a este invento, cuantas “permanentes” recién hechas fueron destruidas; cuanta ropa nueva y costosa,  para alegría de las madres, cambiaba el color original por otro más apagado en este primer uso. Algo más tarde en el tiempo hizo su aparición la serpentina en aerosol. Esto siempre me pareció una mariconeada ya que no podías causar ningún daño con ella.

¡¡ Pero todo ese jolgorio llegó a su fin !!  Hoy es impensado hacer la guerra del agua en el barrio. Primero porque escasea el agua y pueden acusarte y cobrarte multa por despilfarro o verter líquidos a la calle. Segundo, porque algún vecino puede tomarlo a mal y denunciarte o peor, salir a la calle con la escopeta  y cagarte a tiros  o largarte los dos doberman que tiene, o patearte el auto Y la cabeza. ¡¡Hay tantas  posibilidades!!.  Tirar una miserable bombita a una chica puede ser catalogado como abuso e intento de violación si es menor. O tildado como un acto de discriminación por sexo, intento de femicidio etc. etc.   Te vas a terminar comiendo un juicio por daños y perjuicios y otras cosas más.

Finalizo este recuerdo con la letra  de este conocido y querido  tema del rock nacional

El mago Carnaval suena en las calles,

ruidosos cascabeles de ironía,

muchachos, esta noche la corremos

del brazo del placer y la alegría…

La vida sin garufa es cementerio

y el alma sin amor, jardín sin flores

hay que gozar, porque la vida es corta,

y entonar esta canción triunfal:

Todo el año es Carnaval,

cada ser un Arlequín,

¿para qué vas a penar

si la dicha está en reír?

Todo el año es carnaval,

olvidate de sufrir,

qu’este mundo es un fandango

y una vez hay que morir…

Si el amor te trata mal,

¿qué te importa del amor?

Te ponés otro disfraz

que te oculte el corazón…

Todo el año es carnaval

a bailar, pues, y reír

qu’este mundo es un fandango

y una vez hay que morir..

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